Crear películas

Escena 1: El encuentro
En 1.999, Goodie Goodie Productions era una empresa que luchaba por hacerse un hueco en el terriblemente competitivo mercado musical de Filadelfia. Cuando los cofundadores de Goodie, Paul Leitner y Giovanni LaRosa, tuvieron la oportunidad de promocionar un concierto para el legendario grupo de hip-hop, Gang Starr, decidieron aprovechar al máximo la oportunidad y documentar el espectáculo con una película.
Contrataron a Rich Hoffman de Coyopa Productions como el cámara de vídeo del espectáculo. Un día, durante la edición del metraje de Gang Starr, Leitner se dio cuenta de que en el sofá de Hoffman había un guión. Leitner era un director de cine autodidacta con varios guiones acabados. Los dos empezaron a hablar sobre hacer películas juntos en el futuro.
Escena 2: La película
Después de asistir a la Exposición de Vídeo digital celebrada en Los Ángeles durante el otoño de 2000, Hoffman estaba convencido de que podría filmar una película en un formato digital de bajo coste que podría permitirle conservar el control artístico del producto y de su distribución. Armado con una cámara digital de vídeo, un ordenador y dos unidades de disco duro externas, Goodie Goodie Productions y Coyopa Productions se unieron para crear Invisible Mountains, un cuento de transición a la madurez sobre un pintor atrapado en una confusa batalla entre sus visiones artísticas y el mundo real.
En los días de la filmación analógica, la financiación era uno de los principales obstáculos para los cineastas. La gente iba a las escuelas de cine para poder acceder a un equipo caro, no para obtener un título. Era difícil producir una película de éxito sin el apoyo de alguno de los grandes estudios. Hoy en día, el principal ingrediente para hacer una gran película es el talento. Las soluciones de almacenamiento digital le ayudan con el resto.
Hoffman y Leitner redujeron al mínimo los gastos de la película al aprovechar unos espléndidos escenarios locales. A través de castings abiertos, GGP descubrió actores locales con mucho talento y ávidos por aparecer en una película y vivir la experiencia. El equipo de rodaje estuvo formado, normalmente, por una plantilla mínima de cinco personas. Pero fueron las nuevas tecnologías las que, más que cualquier otra cosa, hicieron posible el film. Según Leitner: “No se hubiera podido acabar Invisible Mountains sin las unidades de disco duro externas para almacenar y realizar las copias de seguridad de el material digital diario, el metraje editado y, finalmente, la película acabada”.
Los directores de cine profesionales y aficionados confían en las unidades de disco duro para acelerar su trabajo. Actualmente, muchas de las cámaras digitales de vídeo (DV) asequibles incorporan unidades de disco duro integradas. Esta es una gran ventaja. Se puede almacenar vídeo de máxima resolución para lograr una mejor calidad y los cámaras no deben preocuparse por si borran accidentalmente una escena, como sucedía con las cintas. Los directores también pueden saltar directamente a la escena que desean revisar sin tener que rebobinar o avanzar rápido la película. Y en lugar de tener que pasar el rollo de película a un programa de edición en tiempo real —tarea que puede llevar horas— las cámaras compatibles con disco duro permiten a los cineastas simplemente copiar archivos digitales en un PC para almacenarlos en discos duros a la espera del montaje final.
El montaje de una película consiste en tomar decisiones. Antiguamente, esas decisiones se tomaban cortando y pegando físicamente los trozos de película. Era una tarea muy trabajosa y resultaba difícil encontrar tomas útiles. La tecnología actual de unidades de disco duro ha logrado relegar ese proceso al olvido. La mayor velocidad de las transferencias y el aumento de la capacidad le permiten almacenar, revisar y manipular imágenes y sonido en tiempo real. Los cineastas tienen la libertad de concentrarse en la historia en vez de en las herramientas.
Como las soluciones de almacenamiento son cada vez más rápidas y tienen mayor capacidad, ofrecen también a los directores de cine la libertad de integrar más elementos creativos en su trabajo. Por ejemplo, Invisible Mountains incorporaba animación digital en toda la película para representar los procesos mentales del protagonista. Leitner explica: “Sin duda alguna, la animación es la parte que requiere más espacio de almacenamiento y de copia de seguridad en unidades de disco duro externas. Como la animación supone un tercio de Invisible Mountains, la renderización de multitud de capas hizo que las unidades de disco duro externas fueran imprescindibles para la creación y el almacenamiento de imágenes”.